¿Cómo educar a tu hijo cuando tienes que defenderte de él?

Sonia Pascual

La convivencia entre padres e hijos puede resultar muy angustiosa cuando éstos pierden el respeto hacia sus progenitores. En 2013 se registraron 4.659 casos de violencia filio-parental en España

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Las denuncias de padres y madres hacia sus hijos se ha multiplicado en los últimos años. Desde 2007, 17.000 menores han sido procesados en España por agresiones físicas o psicológicas a sus padres durante la convivencia. El programa de televisión "Hermano Mayor" muestra algunas de las situaciones que viven muchas familias, donde se presenta un/a joven con arranques violentos y unos padres desbordados por la situación.





¿Qué es la Violencia Filio-Parental?

Es la violencia ejercida de los hijos a los padres, es el conjunto de conductas reiteradas de agresiones físicas, verbales o no verbales, dirigidas a los padres o a los adultos que ocupan su lugar. Engloba amenazas, insultos, gestos y agresiones físicas.

¿Qué familias sufren la violencia filio-parental?

Este fenómeno que dificulta la convivencia entre padres e hijos no se corresponde con ningún estrato social ni con un nivel económico-cultural específico.

El estudio de Deusto Stress Research, de la universidad de Deusto, apunta a aquellas familiar donde hay falta de comunicación y de atención de alguno de los padres a su hijo/a durante su niñez, a la ausencia de uno de los progenitores, o la exposición a la violencia en la vida diaria de la familia.

Si es cierto que cambia la forma de solucionar este problema, ya que las familias más desfavorecidas acuden en primer lugar a los servicios sociales que la administración facilita, y en segundo lugar, si no se soluciona, se interpone una denuncia. Para las familias cuyas condiciones económicas son más favorables, se opta por ir al psiquiatra infantil o ir a terapia.

Según Fiscalía de Menores los padres tardan de media 18 meses en denunciar a sus hijos por este comportamiento.

¿Qué despierta la violencia en nuestro/a hijo/a?

No existe una causa concreta, puede tratarse de un niño/a con una educación permisiva, o bien de un hijo/a que naciera con un temperamento que los padres no han sabido controlar suficientemente, o también podemos estar ante una persona violenta porque copia el comportamiento externo que le rodea. Otra de las causas son los problemas psicológicos o psiquiátricos no diagnosticados, y una última causa se relaciona con el consumo de drogas o bebidas alcohólicas, que potencian la conducta agresiva.

Deusto Stress Research, de la universidad de Deusto, publica un estudio a este respecto, donde los padres participantes señalan que "el origen del problema está en el cambio de amistades o las malas compañías"

¿Porqué se ponen violentos nuestros hijos/as?

Se pueden clasificar en tres tipos de violencia, según cual sea la finalidad del joven.
La violencia proactiva, cuyo objetivo es ganar (ya sea poder, control o cosas materiales), la violencia reactiva, donde juega un papel importante el estado anímico y persigue tan sólo desahogarse, y la violencia defensiva, cuando hay un comportamiento similar de los padres y los hijos responden con la misma violencia como método de defensa.

¿Cuando son más frecuentes los casos de violencia filio-parental?

Se da en aquellos jóvenes que durante su etapa infantil no interiorizaron los límites de una forma clara, lo que les impide aceptar ningún control y ser incapaz de asumir frustraciones. Su rendimiento escolar suele ser muy bajo, y su comportamiento es cambiante: con sus padres son egoístas, pero con sus amigos, fuera del ámbito familiar, son más sumisos.

Hay dos tipos de relaciones familiares donde son más frecuentes la situaciones de violencia filio-parental. Aquellas en las que existe una relación simétrica entre los padres y el adolescente, donde el joven se posiciona a la altura de sus padres y se establece una lucha de poder. Y donde hay una relación complementaria entre padres y adolescente, y el hijo/a tiene el poder y actúa con tiranía hacia sus padres.

En las relaciones simétricas, los enfrentamientos en el hogar suelen tener pausas complementarias que dan paso a pedir perdón, aflorar el sentimiento de culpabilidad, y la posibilidad de volver a una situación de armonía es mayor. Por el contrario, las relaciones complementarias entran en un bucle de conductas repetitivas donde aumenta el distanciamiento entre padres e hijos, el joven se siente más aislado e incomprendido y la conducta problemática se intensifica.

¿Cómo ayudar a nuestro hijo/a?

Es evidente que lo último que los padres quieren es perjudicar a sus hijos, esto funda el temor a denunciar a un hijo/a, ya que se escapa de sus manos la repercusión que pueda tener, la situación en la que se pueda ver involucrado/a. Al mismo tiempo, está el sentimiento de frustración y culpa, la continua pregunta ¿qué hemos hecho mal? ¿cómo hemos llegado a esto?

Lo importante es detectar el problema lo antes posible y actuar al respecto.
1º Detectar
La violencia filio-parental se hace visible en la adolescencia, pero el problema viene de antes. Por ello los padres deben estar alerta si sus hijos no aceptan los límites, son conflictivos en el aula o bajan su rendimiento escolar.

2º Actuar
Aunque la situación de violencia se produce en el seno familiar, la solución está en involucrar a todos los ámbitos que rodean al joven: familia, amigos, escuela/instituto.

Del mismo modo que ha aprendido conductas violentas, puede desaprenderlas y adquirir nuevas conductas más adecuadas, por ello hay que tener claro que se puede salir de esta situación.

Esther Calvete, investigadora de Deusto Stress Research, afirma que "siguiendo unas pautas educativas, las familias pueden llegar a una convivencia razonable y el adolescente, incluso, retoma su vida: vuelven a estudiar o a la búsqueda de trabajo".

La psicóloga María Dolors Mas Delblanch, señala "no se debe tratar de controlar a su hijo/a sino de centrarse en sus propias necesidades para recuperar el control de sus vidas", y sugiere7 pautas para los padres: dar ejemplo de tranquilidad, fomentar la comunicación, no tratar de controlarles, aceptar las decisiones que tomen los hijos y dejar que asuman sus consecuencias, establecer unos límites claros y razonables, focalizar lo positivo para reforzar sus puntos débiles y funcionar como un equipo (estén juntos o separados).

Fuentes: Guía básica de actuación en situaciones de Violencia Filio-Parental de la Sociedad Española para el Estudio de la Violencia Filio-Parental, Memoria del Fiscal General del Estado 2014, es.wikipedia.org, www.siquia.com, www.iepa-psicologos.es, www.noticiasdealava.com, www.elportaldelhombre.com, www.elcorreo.com

  
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